Crónica de una melena feliz

At @SusiMakeup Studio

Cada una de estas palabras van para las mujeres de mi familia, para las mujeres de tu familia, pero especialmente para Cami, para que crezca dejándose ser su hermosa melena.

Quien me conoce a profundidad sabe de mi batalla constante con mi melena. 

Cuando era niña mi pelo era rizado, casi acairelado. Hermoso. Hoy sí que me gustaría tenerlo tal cual me desempaquetaron en el mundo. Pero para darme cuenta de eso, se requirieron muchos, muchos, muchos años. 

Nací en el seno de una familia paisa en donde el pelo liso hace parte de la cultura. Debo contarles que la textura de las melenas de mi familia, es hermosa, pero todas nos creímos que era fea, que esos "crespos" son horribles, que el pelo no se deja arreglar, que es más fácil liso y ya. 

En esa búsqueda por no demorarnos tanto arreglándonos el pelo, pasamos horas frente a un espejo, con dolor de brazo, alisándonos la melena; que cabe decir que el Leon que abre las pelis de Hollywood, está clavo al lado de mi familia, así que las jornadas de alisado se extendían hasta casi una hora. 

Así crecí, peleada con mi melena generacionalmente. Sometida a un secador y resignada a amarrarme el pelo porque rara vez me acomodaba al 100%.

No me atrevo ni a hacer la cuenta de cuánto dinero he invertido en tratar de domar mi melena. De hecho, invertí un tiempo dejándola ser y aceptando mis crespos pero fue un fracaso total. No tuve idea cómo manejar toda esa melena y terminé nuevamente domándola. 

Chocoliss #1 here I go. 

Llegué a vivir a Miami hace 4 años. La humedad, el peor enemigo de la melena, me llevó a amarrarla constantemente, a cortarla y a someterla a keratinas múltiples pues el chocoliss, siempre sí resecaba el pelo –que cuando salió decían que no– ahora lo que no hacía daño era la keratina. #Not

Llegó el tope cuando después de la quinta keratina, no solo Susi quedó con las manos resecas escandalosamente por una semana, sino que mi cuero cabelludo ya estaba gritando "¡no juego más!" con un ardor que jamás voy a olvidar. 

Esto no está bien. Todo el mundo dice que la keratina no hace daño al pelo pero lo mismo decían del cigarro hace muchos años, así que mejor escucho a mi intuición y a mi sentido del olfato –que estaba a punto de comenzar a sangrar con el olor a amoniaco que no le hace daño al pelo, solo puede causar cáncer de mucho inhalarlo, pero bueno, eso no importa, mientras el pelo esté liso, todos contentos. 

Entonces Susi dijo una frase que literalmente me cambió la óptica frente a mi batalla por domar mi melena:

Deja a tu melena ser

¡Is she crazyyyyyy! –contesté yo en un ataque de risa incontrolable –pánico realmente. 

¿Deja a tu melena ser?  tu no sabes lo que mi melena puede llegar  a ser, mi querida Susi, mi melena es una cosa gigante que me hace parecer micrófono sesentero. 

Pero como yo siempre he dicho que uno tiene que dejar trabajar a los profesionales, acepté la asesoría de Susi, y dejé de dar cantaleta. Si yo ya no había logrado domar mi melena entonces alguien más tendría que dejarla ser.

Yo estaba medio rendida, medio entusiasmada con el experimento.

Con el paso de los meses, la keratina comenzó a irse y mis crespos a relucir. Fueron muchos meses que mi melena me obligaba a pensar que la única solución era seguirla alisando, que Susi no tenía idea de lo que hablaba, mi melena era la más grande del mundo mundial, ¡el monstruo de las melenas, uno que si se deja ser me convierte en un micrófono andante.

Así, en medio ataque de pánico llegué a SusiMakeup Studio para que el león que vivía en mi cabeza fuera neutralizado. Cortó un poco por aquí, desbastó un poco por allá, trenzó la parte del frente y alborotó la parte de atrás. 

¡Boom!

No voy a negar que el primer encuentro con el espejo fue difícil. Ahí estaba la cabeza de micrófono a la que le tenía miedo. Llevaba toda la vida alisando mi pelo. Le tenía terror, qué digo terror, auténtica fobia al "volumen" o sea, entre más aplastado el pelo mejor, entre más domado, mejor, entre más quietito, mejor. 

A mi lado, Susi sonreía feliz con su creación –y con el hecho que pudo jugar con una pinza para rizos que rara vez utiliza– Mi melena, en todo su esplendor. Ese día aprendí a trenzarme y descubrí que una trenza se hace mejor con la intuición que frente al espejo. 

Han pasado varios meses ya de este proceso y no puedo creer el cambio de percepción que he tenido con respecto a mi misma. 

Pasé de verme al espejo y mirar mi melena natural con desagrado a amarla por lo que es y en ese proceso verla ser cada vez más bella. ¿Eso quiere decir que por amarla la veo bella o que al amarla se hace más bella? Creo que un poco de ambas, cuando aprecias algo de ti o los demás lo haces expansivo, estoy segura que ahora mi melena se siente amada y por eso se siente feliz. 

Ahora me descubro frente al espejo dejando ser mi volumen, alborotando mis rizos y trenzando el frente en un abrir y cerrar de ojos. Este proceso me ha enseñado tanto, porque algo que pareciera superficial, tiene un trasfondo que es capaz de tocar y transformar lo espiritual.

Intenté domar mi melena y me descubrí domándome a mi. 

Ahora me descubro bloqueos en mi diario vivir que no son más que intentos de domesticación de mi misma a mi misma. Creo que en vez de un juez interno tengo un domador interno y ese mismo miedo que tenía a mi volumen, al tamaño de mi cabellera, es ese mismo miedo que se refleja cuando tengo la oportunidad de ser en todo mi esplendor y me retengo.

Así, estoy aprendiendo a ser, en todo mi volumen, con mis texturas, con mis nuevas rutinas. Así, voy dejando ir el miedo a ser como soy, como la Naturaleza me hizo, como estoy supuesta a existir. 

Que mi historia sea un homenaje a todas las hermosas cabelleras que quieren ser libres de cualquier domesticación, de cualquier opresión. Que mi historia resuene en el alma de todas esas mujeres que tienen miedo a su melena, a ellas mismas, a su potencial.

Para mi amiga Susi, mi mindful beauty coach que me ha mostrado el camino hacia dejarme ser, porque ahora solo me toma tres minutos peinarme y me siento más hermosa que nunca. 

Con todo mi amor,

La melena de AlasdeOrquidea