Entre el Nobel de Paz y Yuliana Samboní

Mi postura ante las noticias siempre ha sido la misma: no las veo. Por ello me he ganado muchas protestas de personas, desde cercanas hasta no tanto, que me reclaman con rabia, incluso, el por qué mi “desapego a la realidad”.

Yo lo veo diferente, lo veo como una sana elección de lo que quiero que haya en mi mente y de lo que no. Por supuesto, es inevitable enterarse de los hechos trascendentales del mundo, más cuando tienes un esposo que se levanta religiosamente a leer todos los periódicos que le atraen y luego, en forma de servicio social con su esposa, le comenta lo que considera es importante saber, por pura cultura general.

Siento empatía y dolor por todo lo que está sucediendo en el mundo, especialmente por determinados hechos que de alguna manera son cercanos a mi. Por ejemplo, un muy buen amigo de nosotros, es de Alepo, su familia está desperdigada por toda Europa y él sufre las consecuencias de ser Sirio en un país como Estados Unidos, en donde todos los Sirios parecieran ser terroristas, ahora sí que de Trump ni hablemos.

Pero hay una noticia que me ha hecho escarbar en todos los periódicos, más en busca de comprender qué pasó, cómo es que un "humano" es capaz de algo así, que por el hecho de enterarme de detalles que perturban mi mente: el atroz asesinato de Yuliana Samboní, en Bogotá.

Para quienes no conocen la noticia, la cuento rápidamente, para ello está Mr. Google que les puede dar los pormenores si es que sienten que esto les toca el corazón y quieren saber más para unirse a la ola de indignación. No importa si no eres colombiano, con ser humano basta para repudiar estos hechos.

El 4 de diciembre a las 9.50 am, un personaje a quien la palabra humano no le cuadra mucho que digamos, se fue a un barrio humilde cerca de su barrio millonario y raptó a una niña de 7 años, Yuliana, que jugaba en la calle con su primito.

La llevó en su camioneta, que fue captada por unas cámaras de seguridad del barrio, hasta su edificio a escasos 5 minutos de la casa de Yuliana, la subió por la fuerza a su apartamento, parqueando en un sótano del edificio en donde él perfectamente sabía que era un punto muerto de las cámaras de seguridad.

Este monstruo encarnado torturó, violó y asesinó brutalmente a la niña, luego, quiso manipular la escena del crimen y no solo escondió el cuerpo de Yuliana en los equipos del jacuzzi de su departamento, sino que la lavó con aceite de cocina para quitar las huellas, escondió su ropa en la cisterna del baño con cloro y seguramente pensaría que se saldría con la suya.

Por supuesto eso no pasó. Por supuesto, las autoridades encontraron el cuerpo, ahora la familia del monstruosos asesino está metida en la pesadilla de su vida, y ni hablemos de la familia de Yuliana, sus padres, Nelly y Juvencio, desplazados de la guerrilla y padres de dos niñas (entre ellas Yuliana) que esperan su tercer bebé para ser nacido en 4 meses.

¿Tragedia? No. Creo que no nos hemos inventado la palabra para eso. Lo triste no solo es el caso de Yuliana sino las estadísticas alarmantes de asesinatos y tortura tanto infantil como femenina.

Sin embargo, yo personalmente encuentro este crimen más de pedofilia que un tema de géneros. Pero qué sé yo, eso no importa, lo que importa es que lo que está pasando y lo que ha venido pasando desde siempre, contra los niños y, por qué no mencionar, contra las mujeres.

No soy una persona que escriba sobre estos temas, aquí en donde me ven, escribo con los pedazos de corazón roto que me quedan, esta noticia y el comprender lo terrible del contexto y la cantidad de este tipo de crímenes que existen, me tienen escandalizada.

Esa es mi parte más terrenal, la que grita en mi cabeza cuando imagino el dolor de Juvencio y Nelly, los padres de Yuliana, al conocer la terrible realidad que le quitó la vida a su chiquita.

No puedo imaginar tampoco lo devastador como familia del asesino, saber a tu hijo un monstruo de alcances inimaginables. Veo los juicios debajo de las notas en los periódicos de la web, y hasta me descarnan los comentarios de personas que culpan casi a la mamá del asesino por educar ese monstruo.

Entiendo la indignación pero generar más violencia en contra de una familia que debe estar pasando la historia de terror más espantosa que jamás imaginaron, no solo me parece innecesario, sino inservible.

Veo cómo estos eventos, al levantar la indignación, levantan ámpulas que nos va convirtiendo en monstruitos que juzgan y señalan sin compasión ni criterio.

¡¿Cómo compasión para ese monstruo que mató a Yuliana?!

Sí, yo tampoco he sido capaz, pero en este momento es hora de aplicar todas las enseñanzas de los maestros como Jesús, como Buda, y como ahora seguramente es el alma de Yuliana, que no veo otra forma más clara de ascensión que, a los 7 años, ser brutalmente violada y asesinada por un maestro de oscuridad. Eso es lo único que me queda entender: que todo hace parte de un plan perfecto que busca la evolución de todos nosotros como especie. 

¿Yo siento compasión por Rafael Uribe, el asesino?

No, aún no, aún pienso que si fuera mi sobrina a la que le hicieran eso, encuentro la forma de llegar hasta él y lo desmecho con mis propias manos, pero ¿de qué nos sirve crear más y más violencia en nuestra mente? – pienso cuando me imagino desmechando a ese infeliz (en el sentido estricto de la palabra).

Ahora veo la ola de indignación que tiene a mi tierra Colombia, sumida en noticias y relatos de esta familia que sufre lo que sufren los miles de desplazados por la violencia en mi país.

Me entero, ahora sí, gracias a este caso tan repugnante, de las cifras escandalizadoras que hablan de centenas de niños y niñas muertos y torturados de la misma manera.

Muchos dicen que es cuestión de estatus social: que los ricos piensan que los pobres no tienen acceso a la justicia y los enfermos van a esos barrios humildes a buscar niños que aparentemente gozan de cero garantías. Para mi es cuestión de aberraciones humanas, existen, no podemos hacer nada más que aprender de ello y, nuevamente, evolucionar.

La misión en la tierra de Yuliana es clave, clara y sonante. Esa chiquita vino a enseñarnos a todos que esto tiene que acabar ya, ella dio la vida y fue voluntaria para tan espantoso final para cimbrarnos a todos y exigir que no haya #NiUnoMás

Digo “uno” porque no solo son niñas las protagonistas de estos horripilantes casos, no podemos dejarnos ir por una sola vertiente y exigir igualdad si nos concentramos en que son las niñas las que sufren esto y dejamos de ver la imagen completa.

Yo hoy hablo por los niños, porque tengo una sobrina y un sobrino y no me cabe en la mente ni siquiera imaginar que algo así les pasara. Porque un enfermo mental o degenerado sexual decidió una mañana cualquiera de domingo que lo que le excitan son los niños de 7 años y con la mano en la cintura, va, toma uno y lo utiliza a su necesidad.

Ahora me encuentro en Colombia para pasar las fiestas y me impregno del dolor y la indignación de un país que retaca las portadas de los diarios y las revistas entre el brutal infanticidio y el Nobel de Paz.

Me pregunto si son esas paradojas de la vida que nos demuestran que todos esos títulos que nos hemos inventado son albures e ironías. Por otro lado me llama la atención que mientras Santos recibe el Nobel de Paz, por estos lados de la realidad humana, una familia de desplazados por esa misma violencia que representa a el Nobel, sufre una historia tan atroz en la capital.

Y lo que me trae calma mental, por lo menos un poco, es ese plan mayor del que hablo a mis alumnos, del que leo y me impregno para dar más entendimiento a esa vida loca que nos muestra matices de maldad encarnados en seres como Rafael, o Rafico, como le decían sus amigos antes de sospechar que con ese que andaban de fiesta era un monstruo en potencia.

Ese plan mayor que últimamente nos muestra las caras de maldad y locura en todos los puntos de nuestra madre tierra adolorida por esta raza que no tenemos ni pies ni cabeza.

El final del 2016 viene cargado de dolor e incomprensibles hechos, viene lleno de realidad que nos invita a abrir los ojos. Amigos que me siguen, que me leen, que me permiten llegar a sus vidas en forma de AlasdeOrquidea, los llamo a que ya, de una vez, despertemos la conciencia, que cerremos este año en amor para ser luz, no para abonar más a la oscuridad, al odio.

Que sepamos que somos letales tanto con nuestros actos como con nuestras palabras, porque la violencia comienza en nuestros pensamientos, sigue con nuestras palabras y cuando menos nos damos cuenta se convierte en actos.

Todos tenemos la capacidad de ser seres de luz o de oscuridad, dentro de todos hay una Madre de Teresa y un monstruo torturador, es nuestro libre albedrío el que nos invita a tomar el camino de la luz, de la compasión, del amor, de la evolución.

Quiero cerrar este escrito que más es un desahogo de mi alma, invitándote amado lector a que termines este año con el fiel compromiso de ser un trabajador de la luz a partir del próximo año o de no cesar tu trabajo si es que ya tienes comprometido tu corazón a la ascensión de tu alma.

Luz infinita para las almas de Yuliana y su familia, para las almas de todos y cada uno de los desplazados de la violencia, para todos esos maestros que nos enseñan que debemos transformarnos, amarnos, respetarnos y que son voluntarios amorosos del dolor en esta tierra.

Con gratitud infinita por el alma de Yuliana, porque servir de venda que cae de los ojos, que muestra una realidad dolorosa pero que no por ello podemos ignorar. Estamos acostumbrados a voltearnos frente al dolor porque no deseamos que nos duela.

La invitación aquí es mirarlo de frente para que la vida de esta chiquita y de tantos chiquitos que han pasado en la impunidad, para que la vida de esas familias atormentadas, valgan la pena, para que dejemos de vivir en el separatismo de ricos o pobres y nos convirtamos en uno solo, una sola alma que vela por el amor y la armonía de la humanidad.

La invitación aquí es al amor, a la luz. En tiempos de Nobel y Tortura infantil no nos queda más que ser el fuego que transmuta tanto dolor, que inyecta amor a nuestros hermanos Nelly y Juvencio en representación de todas las familias que han sufrido en el anonimato las atrocidades cometidas en contra de sus pequeños.

Que la vida de Yuliana no se vaya en vano. 

Mi amor para ustedes, mi amor para la humanidad, mi amor para Gaia,

Anna Bolena ∞ AlasdeOrquidea

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ana Bolena Meléndez