Diario de una carnívora que ya no quiere serlo pero ¡OMG!

 Foto: AlasdeOrquidea

Foto: AlasdeOrquidea

La alimentación hace parte importante de mi vida. Me preocupo demasiado por ella porque estoy segura que en esa gasolina que le meto a mi cuerpo está la fuente de la salud perfecta.

Si a eso le sumo que amo los animales y que quiero la paz mundial, por supuesto, el tema de la alimentación entra en juego: ¿qué comer, qué no comer y cómo lidiar con mi crianza como carnívora?

Así que como los bebés, paso a pasito, Juanca y yo nos hemos adentrado en el mundo de ser conscientes con lo que nos metemos a la barriga. Somos buenas muelas ambos y disfrutamos de la comida y el vino.

Algo que nos ha cambiado la vida y la percepción de la comida ha sido informarnos, ver documentales. No hay nada como eso, uno solito comienza a cambiar porque todo hace sentido. Es imposible sostener la alimentación de predador desquiciado una vez conectas con información adecuada. Y cuando digo "es imposible" me refiero a que la consciencia ya no te lo permite, entonces terminas rindiéndote a que, aunque te gustaría que así no fuera, comer productos animales tiene una cara que es imposible de ignorar. 

En cada quien está el equilibrio, qué comer, cada cuánto comerlo, qué no comer ¿por qué no comerlo? La clave es respetarnos y no actuar como si la comida fuera la nueva religión. Soy vegano y eres carnívoro ¡inconsciente! o soy carnívoro y eres vegano ¡hippie! 

Pero volviendo al tema, debo confesar que ya no siento lo que antes sentía cuando pensaba en un pedazo de carne, sin embargo, tampoco puedo mentir y decir que ya no se me antoja. A mi nunca me ha servido dejar las cosas de tajo, para mi, la forma es ir a la par de mi consciencia. Conforme más me informo mi sola consciencia me va mostrando el camino. 

Ahora, por ejemplo, me encuentro haciendo un VEGAN RESET de 30 días. No con una intención DETOX específicamente, aunque sin duda muchas toxinas saldrán, sino con la intención de aprender a cocinar más basado en plantas ¿por qué? Porque siento que ahí también está la clave de transformar nuestra alimentación a una más consciente con el planeta, con los seres vivos que aquí habitan y con nosotros mismos. 

Y si  los animales no son suficiente razón para ponderarlo,  el planeta puede serlo porque como decía Gabo "no tenemos otro mundo al que nos podamos mudar".

Además, y esta es una buena: ¿Si puedo mantener mi salud y el disfrute consumiento lo que no dañe a ningún ser sintiente, por qué no hacerlo?

¿Fácil? nop. Cero. Negativo. Pero he encontrado la forma de darle la vuelta y esta es entusiasmándome por nuevos sabores.  En tan solo 4 días he probado cosas nuevas, sabores que no están nada mal y cocinar es bastante más simple de lo que pensé y mejor aún ¡casi no ensucio nada en la cocina! 

Sé que aún sería demasiado drástico para basar mi alimentación en plantas determinantemente. Sigo queriendo ir paso a paso a punta de consciencia, me ha funcionado, pero experimentar un mes de solo mundo vegetal me abre la gama de posibilidades para esta transición tan compleja de hacer.

Creemos que lo único que sabe rico es la carne, el rush ese de la sangre, que no es más que un rush de instinto (gobernémonos, por amor  Baby Jesus), pero cómo no volver a comer un taco o un sancocho de costilla (acuérdense que mi doble nacionalidad no ayuda en este tema), eso es como una explosión en el cerebro, algo inconcebible!!!! 

El tema es que todos aquí vivitos hemos sido criados por la industria cárnica y obvio nos han hecho creer cosas, ¡obvio! es un negocio. Nuestros papás y abuelos fueron criados diciéndoles que la carne era casi que como el oxigeno. Que si no comes carne te pones amarillo, que la proteina es lo más importante para la alimentación ¿de qué te vas a alimentar? ¿De lechuga? (ahora son los cerebros veganos explotando).

¡Obvio no! Hay muchas opciones de comida, una alimentación de pura lechuga es una alimentación tan desbalanceada. Como dice la abuela: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. 

Todos esos pensamientos que te detienen en el camino cundido de desinformación puedes desecharlos. Nada que ver. Yo pensaba lo mismo, es más veía verdes a mis amigos veganos y poco a poco he entendido que es la crianza y las creencias que traemos que no las dejamos y que, además, es más fácil tenerlas y actuar en consecuencia que salirnos de la zona de confort. Recordemos que el ego así trabaja, incluso para el ego un cambio de alimentación es una zona que no quiere explorar. Te han dado carne y queso toda tu vida!! Una vida sin pizza con queso mozzarela y salami picante!! No imposible! Antipasto sin queso ni jamón serrano, ¡no! ¡me niego! ¡Eso me gusta! –dice el ego a grito pelado.

Cada que hago un detox o en este caso el Vegan Reset, hay quienes se preocupan por mi salud, familiares, amigos que entienden la alimentación con plantas como si me fuera a morir desnutrida y gris abrazada a una vaca en la India, o sea... ¡hello!  Sobre la alimentación de caballo, como la llama mi papá –quien, a propósito, ya come ensalada– hay mil mitos, que las plantas no tienen la misma proteína, que te pones amarillo o verde (depende de qué color que viste el vestido de FB si azul o dorado ;), que si los músculos se te desaparecen porque necesitan de la fibra para estar balanceados... mucha mucha mala información aún por ahí rondando. Sobre todo información con agenda de industrias de la carne, los lácteos etc). 

Entonces si te dicen que si no tomas leche no consumes calcio pues ya te cargó la tostada, no hay de otra: señoras vacas ¿por fa me dan el alimento de su hijo? la vaca diría: ¿pero y yo que le doy a mi hijo? y los humanos diríamos: buena pregunta... ya sé, qué tal que nos das tu hijo para venderlo como carne de ternera y así todos contentos. ¡Plop!!

La proteína es el coco de quienes aún guardan esos mitos. Hay estudios que demuestran que la proteína se puede encontrar en mayores cantidades, incluso, en el reino vegetal. De hecho, los carnívoros consumimos el doble de proteína que debemos de consumir diariamente que son 42 gms.

Los veganos que no comen ni queso, consumen 72 gms aprox de proteína, o sea, siguen estando por encima de lo necesario. Adquirir una dieta vegana adecuada –por supuesto, la lechuga no tiene proteína ni los veganos comen pura lechuga– te da la más de la proteína que necesitas y no le haces daño a ningún ser vivo, ni al planeta, ni a tu cuerpo.

Yo no te estoy tratando de convencer de nada, sigo tratando de convencerme todos los días, porque quiero que no se me antoje un T-Bone al asador termino medio con pasta al burro y un Malbec argentino, (me detengo o entro en modo león) ¡pero se me antoja! y me lo como a veces, sin embargo, desde que me empecé a informar simplemente me he vuelto más consciente y muuuuucho menos frecuente y estoy segura que eso también cambia el mundo.

Cada uno cambiamos al mundo al paso que podemos, lo importante es siempre tener la intención de hacerlo.

Si nos volvemos conscientes poco a poco, si vamos poco a poco caminando hacia cualquier meta que nos haga sentido, entonces haremos, poco a poco, fade in a lo que queremos manifestar.

Les iré compartiendo mis reflexiones en este proceso de desprendimiento, son solo 30 días y es lo que le digo a mi mente cuando mira el queso parmesano de reojo. Hay placeres que por ahora me cuesta mucho trabajo dejar ir, así que por lo pronto no se van, pero sé que con el tiempo, más información y más camino recorrido, mi alimentación se irá transformando hasta donde haga coherencia con mi amor por el planeta.

Con todo mi amor para Pacha Mama, mis esfuerzos para ti. 

AlasdeOrquidea