Aprender, entender, transformar [Reflexiones de mi cuenco roto y ritual de transformación]

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Dicen que las cosas pasan por algo. ¡Ah qué difícil es aceptar esto cuando estamos en medio de una pérdida, sin importar cuál sea!

Así me pasó la semana pasada cuando en medio de una torpeza/accidente dejé caer una botellita de cristal sobre mi cuenco morado. Cabe decir que la botellita es un mist de sage para limpiar los espacios; la metáfora brinca sola. 

Me preparaba para comenzar mi ritual de la mañana, tenía planeado meditar y escribir sobre un tema en el que ando trabajando en este momento de mi vida cuando tomé por la tapa la botella y cayó –obvio– en toda la barriguita del cuenco. Lo quebró irremediablemente.

Quedé como shock, tenía ganas de llorar pero todas las voces de mi cabeza decían "deja ir" eso es lo que predicas todos los días, eso es lo que tanto le dices a la gente que se acerca a ti por un consejo: deja ir, suelta, algo más grande vendrá, aprende de la experiencia, saca el jugo para que la vida de tu cuenco no sea en vano. Pero la tristeza no se me quitaba.

Los pensamientos negativos llegaron, me di palo, todo el que quieran: cómo agarras eso por la tapa, eso te pasa por descuidada, por no poner atención, por no estar más presente. Debiste de... ¿ya qué?

Luego me di palo por darme palo... la historia de mi vida.  

Entonces me tocó dejarme de dar palo y vivir consciente este proceso de soltar una de mis herramientas más preciadas.  Después de llorar y sentir la pérdida inevitable viene el momento de reflexión, pero es importante permitirse sentir porque el hecho de soltar viene de la mano de resistirse a ello. Es lo natural, somos humanos y aprendí de la compasión por mi misma al darme permiso de sentirme triste el tiempo que necesitaba estar triste. Y de ver que el palo era innecesario.

Pasé el cuerpo inerte de mi cuenco al cuarto de visitas. Durante unos cuantos días vi su cuerpo con dolor preguntándome qué haría con él. No tenía las agallas de terminarlo de romper y botarlo a la basura ¡es cuarzo! y además es doloroso tirar a la basura algo tan preciado espiritualmente. Aunque cuando toca, toca. 

Pero como la magia existe, al expresarle a mi pollo el dolor que sentía mi corazón de solo pensar en que a lo mejor tendría que terminarlo de romper, él me regaló la mejor idea que se volvió en ritual y en transformación para mi cuenco y de paso para mi alma. ¡Ese es mi pollo sanador!

Los rituales nos sirven para sembrar las intenciones con nuestra energía, y como la mente sigue a la energía entonces es también una forma de encaminar a la mente hacia lo que deseamos manifestar. 

Mi cuenco se convirtió en un hermoso jardíncito de sábilas a los pies de mi Elefanta, mi gran roble que se ha convertido en un altar para la madre naturaleza. Es a los pies de este árbol que me conecta con mi poder femenino ancestral que ofrecí mi cuenco para transformarse en lo que será su nueva voz: expresión pura de naturaleza, sanación y vida. 

Las sábilas también representan algo también, eso tienen los rituales que todo simboliza algo y justo en ello hay sanación; una de las sábilas estaba toda aporreada en donde estaba plantada, Mayath –mi perrhija– y Jazz –su mejor amiga– corrieron sobre ella y quedó toda aporreada, la otra sábila es un hijito de mis sábilas abuelas. La sábila aporreada representa lo roto de mi cuenco y la posibilidad de tener una nueva vida, con las heridas ya hechas cicatriz pero con una nueva esperanza. La sábila bebé representa lo nuevo, lo que viene. 

Al fondo del cuenco puse tierra y sembré los cristales que se desprendieron, fueron 4, los cuales me ayudaron a apuntar en cada una de las direcciones, para en el centro poner un papelito enrollado y atado en un listón rojo protector, en el que escribí mi mayor sueño en este momento de mi vida. 

Paralelamente medité y escribí en mi diario una carta a mi cuenco honrando su vida y haciendo conscientes mis aprendizajes para que nada fuera en vano. Me hice compromisos a mi misma que cerré con la madre tierra y que pretendo hacer que sucedan. 

Toqué música con mi cuenco verde para el corazón, una especie de serenata que prometí darle seguido en mis meditaciones a los pies de la Elefanta. 

Al final, decoré el jardín con cositas que tenía y que le dieron vida y colorido. Puse unos cuantos cristales, gemas y elementos de mi altar. Al final le preparé un agua intencionada para darle de beber, es una mezcla de agua cristal y aceites esenciales para que la tierra absorba sus beneficios y las plantas crezcan para ser medicinales. 

Si quieres aprender a hacer tus propias aguas intencionadas para diferentes fines, da click aquí. 

Todo este ritual me ayudó a soltar a mi cuenco, a responsabilizarme de mi aprendizaje y a darle una nueva vida a ese gran cuarzo que antes tenía una voz y que ahora se transforma en otra expresión. No porque su vida haya terminado como cuenco quiere decir que no sirva para nada, por el contrario le da magia a mi espacio, me llena de intención, de compromiso y amor. 

No hay ritual mal hecho, todo lo que hagas con la intención de sanar en ti es bueno. En este caso yo pude renovar mi cuenco, pero hay situaciones en las que la pérdida es total en este plano físico y nos toca sacar fuerza para desapegarnos pero siempre puedes hacer un ritual para entregar, para hacer conscientes los aprendizajes y entregarle a la tierra para abrir espacio a las nuevas bendiciones. 

Estaría lindo saber si ustedes tienen rituales para desapegarse o qué les hace resonar el corazón de lo que leyeron ¿se les ocurrió algún ritual para dejar ir algo? Abajo puedes dejar tu comentario y te lo agradezco de antemano. 

También te quiero invitar a que formes parte del círculo de mujeres virtual Intuitive Writing Goddeshood, en el que estamos más cerquita y conectadas, nos apoyamos y sostenemos para crecer y expresarnos desde la diosa que somos todas. 

Te deseo mucha felicidad y transformación,

Ana Bolena ∞ AlasdeOrquidea