Eclipse de sol

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No soy muy sabia cuando de temas astrológicos se trata, no conozco bien el nombre de las constelaciones ni de las galaxias, pero siento en mí el movimiento del universo. Somos polvo de estrellas.

Siento las fases de la luna, siento que cuando hay sol tengo otra actitud ante la vida que cuando está nublado y creo fielmente que todo eso es porque somos uno, porque lo que creemos que es nuestro escenario para vivir: la tierra, es el mismo ser que somos. 

Como decía Buda, la flor está hecha de partes que no son flor. Está hecha de pistilo, de tallo y de pétalos, uno no llamaría flor a los pétalos o al tallo o al pistilo por separado, pero todo junto lo llamamos flor. 

Y así nos veo, como todo un gran ser formado de partes que no son el ser en sí pero que juntas lo conforman: el gran espíritu, el gran misterio. 

Así que el eclipse me habla por sí solo; encuentro la mera acción del eclipse ilustrativa, simbólica e intuitiva. 

Pensemos en el eclipse como lo que es: la tierra, la luna y el sol se alinean de tal forma que se crea una sombra de la luna que es apreciable por aproximadamente dos minutos cuarenta segundos. 

Esta sombra oscurece el día, todo gira entorno a esta supuesta noche en la que hasta los pájaros se van a dormir.  Pero es una noche fugaz, una que solo nos muestra la cara y nos vuelve a amanecer, algo así como dos amaneceres en un mismo día, dos oportunidades de empezar, dos oportunidades de volver a despertar. 

El eclipse, para mí significa mirar a la sombra de frente y con claridad. Un dato importante que sepas y que sirve para mi analogía es que el único momento en el que puedes ver de frente el fenómeno sin peligrar tus retinas, es cuando la sombra está completamente sobre el sol creando en anillo dorado. 

Antes o después, le puedes decir adiós a tu retina si lo miras sin la protección adecuada y BTW eso no son lentes oscuros regulares. Infórmate para no quedar cegatón por ponerte a improvisar. 

Entonces, es un momento que simboliza que ver la sombra de frente es seguro, ir a ese espacio que nos habla de miedo y verlo a la cara, eclipsar la luz en nosotros mismos para analizar lo que se encuentra en la sombra. 

Y luego, así como rápidamente los astros se acomodan para permitirle al sol volver a iluminar, nosotros tenemos la oportunidad de volver a mirar hacia abajo, hacia nuestros pies, con humildad y foco para que toda esa luz a la que le abrimos espacio no nos queme los ojos.

La humildad hace parte de este proceso sanador de eclipsarnos para renovarnos, si no nos entendemos vulnerables y parte de un todo, entonces perderemos la sensatez y, cuando menos nos demos cuenta, nos encontraremos mirando de frente al sol. 

El masculino y el femenino, El sol y la luna, el padre y la madre se alinean para crear armonía y proyección. La luna y su carácter maternal creativo es el que nos permite adentrarnos en nuestra oscuridad y crear desde el vacío hacia la luz. 

El sol, en su carácter de proveedor, nos recuerda que su precisión y tiempos son perfectos, que los ciclos toman determinado tiempo y que la incondicionalidad del amor también se muestra en lealtad y compromiso. 

Te deseo que tengas un eclipse consciente de tu proceso de transformación, que la oscuridad se te muestre para que puedas inyectar luz y siempre seas un agente de amor en el mundo.

Ahó por la madre tierra,

Ana Bolena ∞ AlasdeOrquidea