Mi camino en busca de la sanación

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Hace unos días estuve en un círculo de mujeres, uno de esos que en tu corazón sabes que es un Aquelarre y que en una dimensión alterna somos brujas de colores alrededor de un gran caldero de amor. Abrimos el círculo con una pregunta ¿Qué nos trajo hasta aquí? ¿Qué nos trajo hasta el punto de que nuestro camino sea la magia y la sanación?

Quedé inevitablemente nerviosa, no solo porque cuando hablo en inglés me trabo y luego con semejante pregunta, pues peor. No sé ni cómo hablé, la verdad, porque fue intentar hacer un resumen tan lleno de situaciones, emociones, variantes, personas, que era difícil per sé explicarlo en español.

Creo que logré transmitirla, la esencia de ella, incluso compartí y me abrí más de lo que creí, me sentía tan segura y sostenida por esa energía femenina amorosa, dulce, madre... que mi historia fluyó entre el uso a medias de adverbios y calificativos, pero salió.

Por supuesto, mis dedos no se quisieron quedar quietos, ellos también querían compartir la historia, ahora más a mi manera, así escrita, en mi idioma de verdad. Por eso estoy aquí.

Esta es mi historia y la comparto con mi círculo, con esta comunidad de mujeres y hombres que siguen los pasos de mi vida y confían en lo que ofrezco. Esta es la historia de cómo llegué a este punto de mi vida en el que mi práctica espiritual está impregnada en cada momento. Y la comparto con la intención de inspirarles a hacer lo que sea que tengan que hacer para sanar ese roto en el alma y llenarlo de amor. 

Desde pequeña soy bruja, maga, con mis manos conectadas en la tierra gracias a una nana que tuve que nunca dejó sus enseñanzas de campo fuera de nuestra casa. Con ella aprendí tanto que probablemente haya lecciones que no tenga en consciencia pero sí impregnadas en mi.

Mi infancia no fue fácil, sufrí bullying y para ser honesta, hasta ahora que me reconecto con mi niña interna he logrado sanar tanto dolor en ella, no tenemos idea de cuánta carga hay en nuestras infancias, y es fundamental conectar con el niño interno para comenzar a sanarlo.

Pero la verdadera historia, el camino a consciencia, digamos, comienza cuando me casé y me fui lejos de mi zona de confort: familia, amigos, mi ciudad. 

Con la vida de casada, por supuesto, llegó la intimidad, y con ello me refiero a ese espacio que se crea entre la pareja y que solo es de ellos, no tiene que ver solo con la piel sino con lo que cada piel guarda dentro. Yo no tenía capacidad para estar en intimidad, llegué rota al matrimonio y jamás me olí el proceso que ya tocaba a la puerta.

Para quienes me siguen de hace tiempo conocen mi historia, sufrí un abuso a los 17 años, del que a penas hablé abiertamente hasta hace un año. Hablar no fue el inicio de mi sanación, creo que fue un resultado de un largo camino recorrido sanando de a poquitos, por eso cuando me enamoré perdidamente de Juanca y me vine a vivir a Miami, lo no sanado salió a la superficie de forma inevitable.

Eso hace el amor, nos tumba las máscaras, nos deja vulnerables y en ese espacio de vulnerabilidad el subconsciente muestra lo que pensamos que ya se había ido. Es por eso que la sanación de nuestros traumas y procesos es tan importante, cuando escondemos el dolor, callamos y nos ponemos la cara dura de "yo todo lo puedo" o "ningún hijo de puta me va a robar la tranquilidad" como dije posterior a mi abuso, nos estamos pagando el boleto hacia un aterrizaje forzoso. 

Así comenzó mi camino, en un aterrizaje forzoso. Eso sí, Papá Universo me proveyó de todo cuanto necesité para encontrar esa medicina que la curiosidad de mi alma extrajo de diferentes fuentes: maestros, talleres, meditaciones, regresiones, medicina sagrada, ritual y ceremonia, visualización, sicoterapia, sicoanálisis, retiros... podría llenar una página con todo lo que he probado en busca de sentir paz en mi corazón, en búsqueda de que mi cuerpo sanara el trauma tan terrible de ser abusado, ponerte la cara dura y callar. 

En ese camino de exploración, descubrí que mis dotes de escritora me apoyaban cuando guiaba una meditación para mi esposo o mis papás o mis amigas, comencé a compartir mis meditaciones grabadas por mi y lo que estaba aprendiendo por medio de la columna en un periódico en México que tuve durante 7 años, 11 meses, 21 días.

Ese viaje de escribir la columna llegó a su sano fin y yo tuve todo el espacio para desarrollar mi adorada AlasdeOrquidea que vino con la creación de un círculo de mujeres hermoso aquí en Miami, y que ahora se expande a Colombia por medio de la co creación con mujeres que nos ayudamos a crecer las unas a las otras. 

Esto no solo es significativo porque este camino me haya llevado a desarrollarme como facilitadora, maestra de meditación y guía espiritual, sino porque en ese proceso de sanación intensivo, entendí que lo que debía sanar era mi femenino, ese femenino adolorido y desconectado que no me dejaba fluir la dulzura en mi vida. 

Y en esa misión concreta de sanar mi femenino, sin darme cuenta, me encontré rodeada de mujeres que me inspiran para ser mejor, para expresarme auténticamente, para crecer y desarrollarme. Mujeres que cargan orgullosas su vientre, que respetan sus aguas, que honran su divinidad. Diosas, como nos llamamos en esta hermandad, que crean, bailan y se mueven con los ciclos de la madre luna. 

Estuve peleada muchos años con mi género, fui de pocas amigas y muchos amigos... Y ahora... es como si me hubieran cambiado el chip por otro más dulce y atraigo a mi camino a mujeres hermosas que me hacen sentir segura cuando abro mi corazón frente a ellas, suelto mis lágrimas con ellas y cuando nos sumergimos en un sincero abrazo, corazón a corazón. 

Ahora ellas son esa fuente de energía que me provee sanación. En efecto, lo que las maestras me dijeron, los libros me exaltaron y los cursos me resaltaron: todo está en la conexión con el femenino, con la raíz, con la madre, con la abuela, con los ancestros, con la honra al vientre. 

En ese honrar el vientre terminé en este bello círculo de luz en el que al terminar de contar mi historia, una de ellas me preguntó si todo eso ya estaba sanado y al mirar alrededor y verme rodeada de mujeres mágicas, la respuesta llegó sola.

Mi historia es una más entre millones pero como toda historia de sanación, merece ser contada, compartida y puesta como ofrenda para que sea peldaño en la sanación de los demás.

Gracias por escucharme y por recibir,

Ana Bolena ∞ AlasdeOrquidea