Desde la experiencia del abuso

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Hace años abusaron de mí. Nadie lo supo, ni mi familia ni mis amigos. Preferí quedarme callada que lastimar a quienes más amo.

En el momento me juré que ese individuo no dañaría mi vida. Juré que podría bloquear el dolor y seguir, habiendo olvidado tan espantoso episodio. Juré mal.

Años después, me casé e hice una familia. Me doy cuenta que ese evento me perjudicó más profundamente de lo que en mi juventud creí. Mi sexualidad se ve afectada, pues no puedo dejar de invocar ese momento cuando hago el amor con mi marido.

Hablas de sanar en tus columnas. Es la primera vez que hablo de esto, es la primera vez que acepto que tengo un problema y deseo sanarlo, pero no sé cómo empezar.

¿Alguna sugerencia?”

Te honro, Cirila, porque tu fuerza impregna tus palabras. No existen pruebas grandes para quien le toque vivirlas, si te tocó experimentar el abuso físico entonces tienes que averiguar para qué.

Hay dos opciones, pedir ayuda si es que así lo deseas, ubicar un sexólogo o sexóloga que te encamine hacia tu sanación o hacerlo tú misma si es que no deseas involucrar a nadie más. Sólo quiero decirte que en tus manos está el poder de sanar.

Quiero asumir que si pides mi ayuda y deseas compartir por medio de este espacio es porque quieres agarrar al toro por los cuernos y acceder a ese poder sanador que TODOS tenemos en nuestro interior.

Cualquier problema se comienza a sanar aceptando que existe, así que felicitaciones, ya diste el primer paso.

Sin embargo, creo necesario que alguien te ayude personalmente, no te quiero decir que corras a buscar un sexólogo —no si no lo deseas, escucha tu intuición—, pero una opción es que hables con tu marido, él te ayudará a sanar y qué mejor persona que el amor de tu vida para que te libere de lo que sientes, con amor. De su mano, te garantizo, encontrarás las respuestas. Con amor podrás sanar.

Lo que te voy a decir puede sonar absurdo, pero bendecir los peores momentos de nuestra vida nos encaminan hacia la sanación. Busca el lado de luz, aunque parezca terrible (y lo es) trata de encontrar esa chispa de luz que te ayude a transmutar el dolor en esperanza, las heridas en sanación para ti y tu energía.

Por medio de la meditación podrás encontrar la sabiduría para dar alivio a tu herida. La comunicación con tu pareja te dará, casi de manera instantánea, las soluciones. Recuerda que hablando de lo que sentimos, ponemos nombre a las emociones y es mágica la forma de obtener respuestas. No dudes de ti, no dudes de tu intuición, no dudes de tu poder de transmutación de la energía.

Libérate del rencor, pues lo que más daña cuando nos lastiman son los sentimientos que decidimos guardar en nuestro corazón. Somos nosotros mismos los que prolongamos la agonía apalancándonos del pasado y reflejando sus dolencias a cada paso del presente eterno.

Son pocas las palabras que caben en esta página para dar solución formal, pero todo lo quiero resumir en una sola frase: capitaliza lo que te sucedió, dale trascendencia en tu vida y utilízalo como aderezo a tu misión de vida. Pelea por tu tranquilidad, no le des el triunfo al ego. No eres tus experiencias, eres más luminosa que eso. No permitas que esa experiencia apague tu luz.

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