El árbol de las manzanas

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Hay veces que me gusta fluir con la corriente, dejarme llevar por los caminos que la vida desee mostrarme; pero hay otras en las que prefiero tomar una decisión y no simplemente vagar cual cometa en vendaval.

Al final del día, el universo decidirá hacia dónde debo ir. Tengo la cósmica garantía (fe, que se le denomina) de que la energía máxima, el creador o como se le llama comúnmente: Dios, tomará la decisión adecuada para mí, aunque, de entrada, mis deseos sean diferentes.

Sin embargo, me gusta saber qué deseo, porque es eso lo que va marcando mi carácter, es eso lo que me va dando más y más lecciones en mi muy personal camino de existencia.

Cada cosa que nos pasa en esta vida debe tener significado, si no qué caso tiene vivir. Encontrar los aprendizajes a cada paso que damos es lo único que nos hará libres. Por eso, aunque en ocasiones vale la pena entregarle al universo nuestro andar, en otras, lo mejor es saber hacia dónde queremos ir y, entonces, permitirle al cosmos que nos lleve de la mejor manera.

Bifurcaciones de la vida: ¿quiero o no quiero una manzana? Ejemplo simple: Antes de saber si tengo acceso a un árbol de manzanas debo saber si la quiero o no. No importa si decido quererla y luego darme cuenta de que no había un árbol cercano para mí. No importa si decido no quererla y a la vuelta de la esquina encontrarme con un gran árbol lleno de manzanas. Lo importante es saber, sin siquiera considerar lo que el universo me tiene preparado, ¿qué es lo que quiero?

Y si tras decidir que no quería la manzana me encuentro con que se ven sumamente apetitosas y decido tomarla, ¡qué más da! Entonces encontraré en dicha decisión y cambio de mentalidad la debida lección para, en un futuro, recordar que mis decisiones pueden modificarse, sobre todo cuando no se encuentra nada grave en juego. Por lo regular nada es tan grave como parece.

Igual, me gusta tener mi propia decisión. Me gusta crearme un criterio específico sin saber qué es lo que más tarde me presentará la vida, porque con esa certeza de lo que quiero, aunque luego cambie de opinión, tendré la mayor cantidad de aprendizajes.

¿Y qué más da si me equivoco? Pues así tenía que ser, entonces las equivocaciones no existen, son sólo espejismos que creemos ver cuando en realidad las cosas pasan y punto.

Pasan como tienen que pasar, como el universo decide qué es lo que tienes que vivir para cumplir con ese plan divino que escogió tu alma cuando levantó la mano para venir a esta dimensión terrenal.

El ego me puede engañar, por eso me cuestiono tres cosas cada que debo tomar una decisión: ¿estoy prefiriendo mi zona de confort y permitiéndole al ego salirse con la suya? ¿Esto es lo que verdaderamente deseo o lo que me va a poner en el camino para la consecución de mis sueños? Y por último, ¿qué tan importante es para mí que esto en especial salga como yo lo deseo?

Así, tras responderme estas tres complejas preguntas, me siento, cierro los ojos y escucho a la gran energía que se comunica conmigo por medio de la meditación y la limpieza de mis pensamientos o lo que vulgarmente se le llama: escuchar a la tripa.

Paciencia, importante virtud, pues las respuestas llegan cuando tienen que llegar.

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