Me amo, soy mujer

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Cuando era pequeña fui Tom boy. Era la niña despeinada a pesar de que en casa me peinaran tan restirada que hasta chinita me dejaban... a lo mejor por eso es que tengo los ojos rasgados. Me soltaba los chinos y subía a los árboles, en donde tenía una visión periférica de mi mundo, de toda la creación que mis ojos infantiles alcanzaran a ver.

Fui creciendo, flaca, poco desarrollada y ello me llevó a sentir vergüenza de mi cuerpo.

Me puse todo tipo de rellenos para emular a las mujeres de mi alrededor. Hombreras en los pechos, a veces papel de baño, no entendía por qué todas a mi alrededor ya podían usar brasier y yo aún no lo necesitaba.

Me miraba al espejo y me daba coraje verme tan niña, aún no lograba ser mujer.

Me desarrollé tarde, bien tarde. Mientras a todas las de mi generación ya les había llegado su primer luna, su primer periodo, yo aún no sabía lo que era usar una toalla higiénica.

El tiempo pasó y por supuesto me convertí en esa mujer que soñaba ser desde chiquita cuando me probaba los tacones de mamá y me pintaba toda la cara con lápiz labial, y comprendí, entonces, por fin, muchas cosas de ser mujer.

Al día de hoy, entiendo que ser mujer es más que tener pechos grandes, chicos, en forma de pera o redondos, he entendido que ser mujer es llevar la creación por dentro, es llevar el poder creativo de la vida corriendo por mis venas, es reír a carcajadas con ese tono tan femenino que hace a muchos hombres voltear a vernos.

Ser mujer es ser todo, es poder maquillarme mientras hablo por teléfono y me preparo un café en la estufa. Ahora, lo bueno, es que puedo hacerlo sin pintarme toda la cara :)

Ser mujer es recordar cuando era niña y entender esos impulsos de crear nuevos mundos, de jugar a la casita y alimentar a mis osos de peluche, ser mujer es dar amor en forma de protección, ser mujer es ver por quienes amas y empeñarte en hacerlos feliz con una tarta de manzana o galletas recién horneadas.

Para mi la feminidad es tener todo el poder creativo y aceptación de explorarme como profesional, como ama de casa, como esposa, como hija. Dentro de mi feminidad puedo crear proyectos fértiles que me representen en cada granito de arena que puedo tener, pero también embelesarme en la cocina preparando una cena para mi gente.

Ser mujer es seguir mis rituales y no permitirme convertirlos en rutinas. Ser mujer es atender a mi marido y permitirle que me atienda, ser mujer es permitirle ser hombre y no arrancarle su esencia en uno de esos arrebatos de suficiencia innecesaria.

Para mi ser mujer es seguir dándome el chance de que me amen y me consientan, porque a mi no me arranca la feminidad un mandil, así como a mi esposo no le arranca la hombría bailar con ese mismo mandil en nuestra cocina.

Para mi, ser mujer es no sentirme menos al agarrar la escoba si me siento contrariada y respirar, meditar, conectar, mientras levanto las hojas de mi jardín, meter las manos en la tierra y observar a mi huerto dar frutos, observar mis espacios madurar.

Para mi, ser mujer es cuidar esos espacios, es cuidar de mi tierra interna, del hogar de mi chispa divina, de mi marido, de mi casa y nuestros objetos preciados.

Yo me jacto de ser mujer y estoy segura que en tan despacioso proceso que me tocó convertirme en la mujer que soñaba, pude entender que el cuerpo no es lo que me hacía mujer, sino la curiosidad nata de crear, co crear, echando mano de mis ideas y de mi creatividad femenina.

Por eso, honro mi vientre, honro mis pechos y mis cambios de estación. Honro mi sangre y sano mis ancestros femeninos, honro a mi abuela, a mi madre y a cada una de las bellas mujeres que escogí antes de nacer y que me escogieron a mi mucho antes de mi existencia.

Honro el poder creador de mi cuerpo, y la diosa Shakti que habita en mi corazón, en cada uno de los sueños que manifiesto con la fuerza del yang.

Pero honro también, mucho, mucho, a cada uno de los hombres que han aprendido a honrar a la mujer, que saben como hacerle el amor a una dama, que entienden lo delicado de nuestros procesos, que anidan cada uno de nuestros ciclos en su venerable hombría.

Honro a mi esposo porque me permite ser mujer, bien mujer, a su lado.