Módulo 2: Monkey Mind | Curso Mindfulness Urbano

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No por nada se ha llamado a la mente: la loca de la casa o la mente de chango, esto es porque si no tenemos control de ella se toma posesión y nos vuelve un nudo de miedos, inseguridades, cuestionamientos pero sobre todo: estrés.

El estrés viene de la mente en estado de loquita, cuando se pone a hablar y a futurear y, mejor aún, a solucionar problemas que aún no se han dado.

Si le quitáramos el factor mente al momento, le quitaríamos el factor estrés porque estaríamos sintiendo y no pensando, que es lo que hace la mente de forma constante.

El punto es que no le podemos quitar el factor mente a nuestra experiencia pero sí podemos enseñarla a calmarse. Así como se calma a un niño pequeño cuando llora, aprendemos a confortar nuestra mente cuando está en estado de lora irremediable.

Hablemos de meditación y mente de chango.

La meditación es una práctica que enseña a la mente a enfocarse en algo, desde la respiración hasta un mantra, un canto, una visión, una afirmación etc.

Si una vez lo intentaste, no te salió y por eso ya no lo volviste a hacer, eres un estereotipo, en serio, casi todos los que comenzamos a meditar algún día, la dejamos porque no pudimos, pero ¿no te parece que tirar la toalla en una práctica que promete mejorar tu calidad de vida y potenciar tu productividad, es algo que haces después de intentarlo hasta el cansancio?

Yo te invito a que, si este es tu caso, lo intentes una vez más con compromiso pero sobre todo con paciencia y cero expectativas.

Si este es el primer intento tuyo en tener una práctica de meditación te hago la misma recomendación: paciencia, cero expectativas, y sumo una más: resiliencia.

Resiliencia es lo que hay que tener y, de hecho, es una de las virtudes a practicar cuando meditamos.

Lo primero que hay que saber es que la mente se calma progresivamente. Yo llevo 10 años, más o menos, meditado y llevo haciéndolo como una disciplina diaria y comprometida hace 3 años, hasta el día de hoy no tengo una sola práctica meditativa en la que no note mis pensamientos ir y venir.

Trabajo constantemente con personas que desean tener una práctica de meditación habitual y si bien es cierto que es muy funcional que un instructor de meditación te diseñe una práctica que vaya con tus necesidades, también es verdad que no necesitas un coach de meditación para meditar. Yo no tuve uno jamás y aquí estoy, meditando todos los días.

La meditación es como un campo de entrenamiento: entrenas la concentración, entrenas la paciencia, entrenas el músculo de la observación y no te enganchas con tu mente, eventualmente, ella se resigna y te va dejando en paz poco a poco. Esto quiere decir que la mente va aprendiendo con el tiempo a mantenerse más callada, no solo en estado de meditación, sino en estado regular de actividad.

Tu mente va a arrojar pensamientos, esos son casi involuntarios, puede que aparezca como un reflejo la preocupación por pagar equis o ye cosa o la inquietud sobre ese nuevo trabajo o lo que sea, pero es tu elección conversar con ese pensamiento. Si solo notas que aparece y vuelves a enfocar tu atención en tu respiración, entonces estás meditando.

No se trata de que no aparezcan pensamientos sino de que los observes y vuelvas a tu respiración o a tu objeto de meditación, así verás que como por arte de magia el pensamiento se habrá esfumado.

¿Cómo haces si es un pensamiento recurrente que no te deja en paz?

Le dedicas tiempo, un momento, lo escuchas ¿qué te quiere decir? ¿te está recordando algo? Entonces abre los ojos y escríbelo, por eso siempre recomiendo tener una libreta cuando medites, a veces es mejor escribir para estar seguro que no se te va a olvidar algo importante y volver a tu meditación.

¿Qué es observar los pensamientos?

Si ya practicas meditación, habrás escuchado que los instructores dicen: observa tus pensamientos. Esto vuelve a lo mismo: no les converses de regreso pero nota su naturaleza.

Puedes tener pensamientos positivos o pensamientos negativos, solo nótalos y observa cómo se van transformando durante tu práctica. Nuevamente, no te enganchas ni te quedas patinando en un pensamiento, vuelves a tu respiración.

¿Y qué pasa si me quedo patinando en un pensamiento? ¿Ya la regué?

No, cuando meditas no hay forma de regarla, siempre, lo que hagas está bien, es tu proceso y la práctica de meditación es algo que se va formando en el camino, así que permítete ser libre y meditar desde esta premisa:

Hay cientos de técnicas, tú escoges las que más te gustan por medio de experimentarlas, así que experimenta y no te cases con nada. Al final, tú vas a crear tu propia práctica a tu medida que mutará con el tiempo.

A veces estarás con ganas de hacer meditación de presencia o mindfulness, otra veces querrás visualizar y poner la imaginación a funcionar, otras veces querrás escuchar música y respirar, todo está bien. Ojalá esto me lo hubieran dicho a mi, me habrían ahorrado muchas limitantes que me puse yo misma en mi propio camino porque yo pensaba que meditar era sentarme en flor de loto y pelear con la loca de la casa.

La postura es importante, te invito a que uses cualquiera de estas dos que te recomiendo en los ejercicios de respiración. Menos en el de relajación que te recomiendo que lo hagas en savasana que es acostado bocaarriba con el cuerpo estirado.

La postura puede ser sentado en flor de loto o en una silla con respaldar. Siempre la columna recta no recargada sino manteniendo tu centro y los pies conectados contra el piso. Si te puedes quitar los zapatos, bien, sino no importa.

En el siguiente módulo vas a encontrar diferentes audios con técnicas para relajarte y conectarte con el momento. Esto te ayudará en diferentes intenciones como el manejo de estrés y ayudarte a tener mayor capacidad pulmonar lo que hace que oxigenes mejor tu cerebro.

Estos ejercicios los puedes practicar en cualquier momento, adoptas tu postura, cierras los ojos y haces la práctica. Cada ejercicio consta de 10 ciclos de respiración que es lo mínimo a hacer para sentir los efectos de la práctica.  

Puedes hacer cuantas respiraciones desees, conforme más ciclos de respiración hagas, más profundizas el estado y alargas el tiempo de los efectos relajantes.