Muñeca Rota

Desde muy pequeña jugaba sola, con un par de muñecas con pelo mal cortado, siempre tuve locura por convertirme en estilista... hoy veo la estilización de mi vida a través de un par de letras recortadas que a veces no dicen mucho.Un aro de vino tinto se tiñó en mi edredón, me había espaciado en pensamientos nimios y una gota traicionera lamió la base de la copa. Miré a mi alrededor, mi perro descansaba en el suelo sacudiendo su cola ante una mosca que no le dejaba en paz. Me alargué por el encendedor para prenderme un cigarrillo y vino a mi mente esa niñez en la que prefería jugar sola armando historias con bemoles de imaginación curtida; el amor siempre se presentaba como un mórbido reflejo... Siempre fuiste tú, ese caballero andante que rescataba mi corazón de un baúl olvidado en el que descansaba el pelo mutilado de una cara muñeca. Pero nunca imaginé librar nuestros obstáculos, con el corazón roto por una perfección no concedida... tampoco pedida... siempre creí que esa malformación de mechones inertes le dan el toque de cinismo necesario a una muñeca rosa. Miré por la ventana mientras pasaba mi dedo índice por el círculo de vino, metí la cabeza entre las rodillas y respire profundo. ¿Cómo algo tan lindo podría llegar a ser peligroso? Y entendí que todo es según el ángulo con el que se mire, que con diferentes focos la misma escena puede ser lo contrario pero... ¿de qué sirven todas estas incoherencias mentales, si al fin y al cabo las tripas deciden? La llama del cigarro se extinguía y hacía formas con su incandescencia en la oscuridad, recordé el olor de su piel y el sabor de sus labios inquietos, aspiré para calmar el galope de mi pecho, cerré los ojos y me dejé caer. Llegó esa muñeca a mi pensamiento, una morena de caireles chocolate, con una hermosa boina roja; la desvestí, la metí a bañar y le corté el pelo. El recuerdo me golpeó en lo siniestro y lo sublime a la vez, descubrí mi compulsiones que hoy en día se manifiestan en lo complejo, sin caireles... ni agua. Y mientras intentaba verme el cerebro para por fin encontrar la historia escrita por el destino en mi número de serie, volviste a mi cabeza con tu sonrisa inmaculada, con ese poder de desarmarme en un instante, y olvidé cualquier interés que pudiera tener en mi código de barras. Si está allá escondido detrás de los ojos será porque no está allí para leerse, sino para esperar a que suceda.