Polvo de Estrellas II

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Me quedé pensando por un rato, tras escribir la primera parte de esta columna, que uno no debe predicar sin el ejemplo. Seré lo más sincera y sensata posible.

Confieso que todo lo que a continuación expreso no son comportamientos impecables de mi parte, pues al ser humano y mantener en mí a este ego vigente aunque no lo quiera, a veces —muchas veces— fallo.

Nuestra vida diaria está repleta de hábitos dañinos, cosas que probablemente no dimensionamos, pero no olviden que debemos ver el bosque y no sólo el árbol que tenemos enfrente.

Llegó el momento no sólo de ser éticos con nuestro comportamiento, sino consciente a cada paso, hasta que esa consciencia se vuelva un nuevo hábito. Desde las pequeñas acciones hasta las grandes cuentan. No todos tenemos en nuestra vida la posibilidad de llegar a millones de personas, algunos podemos llegar sólo a nuestra comunidad, por ejemplo, pero en eso que podemos creer que casi no tiene impacto, hay más de lo imaginado.

Cuidar el agua, procurar la menor cantidad de desechos, sembrar un árbol, apoyar las empresas social y ecológicamente responsables, alimentarnos haciendo cada vez menos daño a los animales, siendo conscientes al vestirnos. Enterémonos, salgamos de la ignorancia que es la mayor oscuridad de todas, veamos documentales, hablemos, digámoslo por medio de nuestras redes sociales, asistamos a marchas, separemos la basura, utilicemos la bicicleta, caminemos, recolectemos el agua de lluvia, no talemos árboles, compremos orgánico, evitemos lo transgénico, hagamos lunes sin carne.

Si eres artista famoso, pon tu imagen; si eres cantante, dilo en canciones; si eres publicista, dona tu tiempo. Si eres madre, educa en pos de un ser consciente con el planeta; si eres maestra, enseña a los niños; si eres cura, dilo en tu discurso del domingo.

Asiste a limpias comunales de basura en las playas, recoge la basura que te topes en la calle, no importa que no sea tuya. Educa a tus padres y, si se puede, a tus abuelos. Conéctate, haz yoga, medita, sonríe más y quéjate menos.

Si eres político, aprueba leyes que beneficien al planeta y no a tus bolsillos o a los de los demás. Lee las etiquetas de tu comida, infórmate, lee acerca de Monsanto, lee sobre el peligro de la extinción de las abejas, entérate y a plena conciencia pondera, cambia aunque sea despacio, pero por amor a nuestro hogar, cambia.

Compra productos locales, no consumas pesticidas ni porquerías, no te enfermes ni enfermes más al planeta. Perdona, ama, regresa a tus rituales humanos, ten fe, ora con tu propio dios, da gracias, deja ir, desapégate, vive intensamente, no le hagas daño a los demás, no participes en nada que envuelva violencia, no vayas a acuarios, no asistas a corridas de toros ni circos con animales.

No compres ropa que venga de manos de la esclavitud de este siglo. Entérate, lee sobre Camboya, averigua, no satisfagas a tu ego, solidarízate con tu especie, con las especies vecinas, solidarízate con tu planeta.

No tires basura en la calle, no dejes la llave abierta mientras te lavas los dientes o enjuagas los platos, no laves tres calzones en una lavadora vacía. Ahorra energía, ten un huerto en casa, reprocha si van a destruir un parque para construir un edificio.

Si cada quien, si cada uno de nosotros hace todo lo que está en sus manos para cambiar, sabiendo que cambiar significa dar un paso a la vez hasta que nos encontremos corriendo, si todos lo intentamos podremos salvar a nuestro planeta, podremos darle las herramientas a las siguientes generaciones para que tomen nuestro ejemplo.

Entonces, sólo entonces, pasaremos la estafeta de esta meta comunal que no podemos olvidar ni por un solo segundo: traer de vuelta la salud de esta plantita en la que nosotros vivimos.

Namaste.

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