Relaciones Sagradas

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El amor es sagrado. Es en el momento en que dejamos de verlo como tal que nos topamos con una serie de experiencias que nos pierden en el camino hacia donde nuestro ser consciente desea ir.

Nos tocó vivir una era de revolución sexual, no solo en el aspecto del sexo como acto, sino en el aspecto del sexo como género.

Las mujeres hemos tenido un despertar hermoso en el que nos empoderamos para jalar hacia adelante cumpliendo nuestros sueños.

Hacer conciencia sobre el camino del género femenino es fundamental, honrar ese camino es la consigna de toda mujer, sin embargo hay que tener mucho cuidado sobre las aguas que ponemos nuestros pies.

Veo con tristeza a muchas mujeres persiguiendo una feminidad equivocada, una feminidad que abstrae al hombre de su camino, reniega de él y lo trata como si no lo necesitara.

Tanto hombres como mujeres somos parte de la creación porque nos complementamos, porque la sabia naturaleza nos dio a cada uno nuestro lugar energético para honrarlo y así generar relaciones sagradas en las que la pareja se vuelva un santuario.

Algunos movimientos contemporáneos nos quieren hacer pensar que podemos desplazar al hombre de nuestra vida, podemos ser madres sin necesidad de un hombre y suficientemente mujeres sin ellos al lado.

Aunque soy consciente de que estar sola es mejor que estar mal acompañada, también reconozco nuestra muy femenina necesidad de encontrar el amor verdadero, de ser madres con un padre al lado, de dar a nuestra vida un sentido de pareja.

El mal uso de nuestra sexualidad trae desgastes energéticos en nuestro ser. La buena noticia es que nunca es tarde para reestructurar nuestra cama y darle el respeto que merece.

Volvamos a ser mujeres, bien mujeres, tan mujeres que tengamos la capacidad de honrar a los hombres. Nos recuerdo que de un hombre venimos y que la creación sin su participación es imposible, aunque la ciencia y la tecnología apunten a lo contrario.

He conocido mujeres con padres desapegados o inexistentes que manchan su camino por falta de la figura masculina. Para ambos géneros es fundamental tenerse en su ying y yang, en su energía femenina y masculina.

Regresemos el respeto a los hombres de nuestra vida, a nuestros padres, abuelos, parejas, e hijos.

La solución a la violencia de género es que más madres críen hombres que equilibren las energía duales, más mujeres que sepan acoger hombres a sus vidas y les muestren el camino hacia la luz.

Las enseñanzas ancestrales dictan que las mujeres somos quienes iluminamos el camino del hombre. No soltemos esa antorcha, no nos dejemos arrastrar por la marea y apagar la luz con su agua.

Tomemos la antorcha de esa luz divina y compenetrémonos en relaciones memorables en las que sintamos la sagrada protección de un hombre que vela por nosotras, en las que, con las nuevas evoluciones, podamos ser libres y ayudar al sustento sin castrar a nuestros compañeros que ruegan porque sea regresada su virilidad.

Honrar la virilidad de un hombre no es permitirle comportamientos violentos ni machistas, sino permitirle saciar su naturaleza de provisión.

En una era en la que las mujeres nos unimos a las arcas de la provisión, hay muchas formas alternas de regalarle a nuestros hombres la experiencia de proveer: permitámosles amarnos, permitámosles solucionarnos problemas, permitámosles saber que sí los necesitamos para equilibrar nuestra existencia.

Tener una RELACIÓN SAGRADA requiere de mucho amor propio para inspirar al otro a amarte por todo aquello que tu te amas. Todo comienza por ti mism@ porque no puedes esperar que te amen intensamente si tu no lo haces contigo, ni a que tu felicidad sea proveída por alguien más que no seas tú.

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