Yo manejo mis emociones

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No somos lo que pensamos ni lo que sentimos ni cómo actuamos. Los pensamientos son construidos por nuestra mente atiborrada de bloqueos y juicios. Nuestros sentimientos se generan desde la mente, con el foco de las experiencias y los reflejos. Nuestras acciones siguen, en coherencia o incoherencia, lo que nuestros pensamientos y sentimientos dictan.

Como pueden ver, tanto pensamiento como sentimiento como acción vienen de la mente y se ven delimitados por la experiencia de vida que escogemos. ¿Entonces, cómo logro manejar eso que no soy?

Primero debes saber lo que sí eres: eres un ser espiritual teniendo una experiencia humana, no al revés.

Para afrontar mi plano emocional primero debo convertirme en un buen observador de mí mismo, luego debo aprender a comunicar lo que siento sin temor a ser rechazado; después aprendo a sanar por medio del correcto manejo de mi plano emocional.

Observarte es mantener tu atención puesta en el ahora para encontrar la coherencia entre pensar, sentir y actuar. Cuando conoces el porqué de tus emociones te empoderas, herramienta perfecta para manejarlas y no ser juguete de tus reacciones.

¿Cómo manejo mis emociones? Observándote —repito—, pero muy importante también: comunicándolas. No se trata de que vayas por la calle gritando cómo te sientes, mas sí que quienes jueguen directamente en tu entorno sepan, de buena manera, lo que te han hecho sentir, para bien o para mal.

Nos volvemos expertos en callar nuestras emociones y como la humedad bajo la sombra, poco a poco, comienza a generar hongo y moho, se enmohece nuestro interior y nos convertimos en un manojo de reacciones que nos dejan llenos de desazón.

Pensemos en las relaciones de pareja. Normalmente es nuestra pareja quien paga los platos rotos. Esto es porque no estamos acostumbrados a hablar de nuestras sensaciones cada que una nueva aparece. La tapamos con hojas secas y esperamos a que el moho aparezca, entregándonos a reacciones agresivas que ni nosotros mismos sabemos de dónde vienen. ¿Se identifican en la postura de no saber por qué se sienten de tal o cual forma?

Sanar nuestras emociones significa no permitir que se enmohezcan, permitirles el oxígeno, el sol y la libertad de salir a la superficie practicando la compasión con nosotros mismos.

Sanar las emociones requiere de amor propio y de no juzgarnos con la vara dura que siempre nos azotamos. Es imposible decirle al corazón que no ame o que no duela, lo que sí es posible es reconocer la emoción y tomar la decisión de qué hacer con ella.

Conectar en meditación y en este estado hacernos conscientes de nuestras emociones, por oscuras o iluminadas que sean, nos lleva al equilibrio de sentir la emoción mas no de personalizar o convertirnos en esa emoción.

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