Creen en la magia vs no creer en ella

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Levanten la mano las brujas, alquimistas, chamanas, de esta tribu. ¿Quiénes de ustedes se han sentido las locas de la casa? Las que, a lo mejor, no son tomadas tan en serio porque son las hippies, o las que viven en un mundo de algún color (por lo regular es rosa), o las que creen en “mafufadas” y no aterrizan.

Bueno, hay mil formas de recibir eso que sentimos cuando nos preguntan ¿qué dijeron los ángeles de tal cosa? y sabes que en el tono hay algo de burla o desaprobación, pero sobre todo condescendencia. Me he encontrado con mucha condescendencia cuando se trata de la magia.

Quienes viven una vida basada en lo tangible y creen que la intangibilidad es equivalente a ser idiota o irrealista, para mí, viven en una realidad sesgada. Esto no quiere decir que no los respete, como dijo Voltaire, puede que no esté de acuerdo con tu ideología, pero haré todo en mis manos para que se te respete.

Cada quien tiene derecho a creer, o no creer, en lo que quiera, sin embargo, a más rango de credibilidad en eso que no se ve, más campo de creatividad y sentimiento de ser parte de algo más grande.

Si me preguntas en este momento de qué me sirve creer en los diferentes planos de existencia, en un Gran Misterio Universal, en los ángeles, los seres de la naturaleza, los maestros, guías etc… te puedo decir que no solo me sirve, sino que sostiene mi existencia. Pero no te puedo negar que hay momentos, a lo mejor cuando son noches oscuras o cuando dejo que mi diablito (aka Mr. Ego) suba el tono de su voz y me aturde por un ratito.

Entonces, cuando me vienen mis momentos de escepticismo y me pregunto si la torre de oráculos que tengo no ha sido dinero gastado compulsivamente, me respondo con otra pregunta: ¿qué te sirve más para ser feliz: creer o no creer?

La magia, lo desconocido, lo Universal, me sostiene porque me brinda certeza, me da la fortaleza mental para tomar decisiones confiando en mi intuición y mis sentidos, me ayuda a moderar la necesidad de quedar bien con todo el mundo y simplemente tomar mi camino como a mí me vibre.

Creer en los ángeles y no solo eso, llamarlos, pedirles, encargarles, me ha dado la sensación de tener asistentes universales que me ayudan con todo. Creo que si no creyera en ellos desaprovecharía la oportunidad de tener más calma mental mezclada con certeza de que todo va a estar bien, pues sentiría que todo depende de mí y solo de mí y , como yo lo veo, eso puede ser muy cansado y exigente.

Prefiero creer, porque si no creyera, no podría echar mano de los oráculos, la meditación o la conexión con mi intuición cuando necesitara reflexionar sobre algo o cuando tuviera necesidad de echar un vistazo a mi sombra para inyectarla un poquito de luz.

Gracias a que practico la espiritualidad mágica en mi vida, no me preocupo de más pues pongo mis problemas en las manos de Dios, El Universo, El Gran Misterio, El Creador, como cada quién lo llame y en todos esos seres que, yo creo, existen y están conmigo desde que nací. Si no creyera, me sentiría sola y cuando alguien querido tuviera un problema de salud o de la vida no tendría la calma para acompañar desde la certeza de que lo que sea que suceda es lo que debe de ser.

Por creer en la magia y la alquimia, creo que soy capaz de transformar mi vida cada que yo quiera, de reinventarme y de saber que puedo manifestar lo que sea que se me meta entre mente y corazón. Gracias a creer y a hacer rituales que me asisten en manifestar, estoy segura que he atraído cosas específicas a mi vida que son, incluso mejores de lo que pedí.

Si no tuviera la certeza de que hay ángeles cuidándome y trabajando etéreamente en mis sueños, me sentiría con la mitad de poder que hoy me siento, y esto lo digo desde la verdad pues en el pasado sí hubo una versión mía que no creía y con ello se sentía menos empoderada.

Creer me levanta de la cama cada mañana para agradecer y convivir con estos seres en mi altar, mi espacio personal, en donde me siento a buscar ser mejor persona conmigo y los demás, en donde me siento a desenredar mis emociones, a escuchar a mi maestra interna, en donde dejo mis pedimentos y protecciones, en donde siento que tengo todo en mis manos y a la vez en manos de algo mucho más grande que yo, que me ama y que siempre me muestra el mejor camino.

Así que no le encuentro mucha gracia a no creer, por eso No no creo. Porque no creer, para mí, significa perderme de un mundo divino que me hace sentir bien, feliz, tranquila y parte de algo y esa sensación es una sensación con la que me gusta vivir.

Y si para eso debo de sonreír y ser compasiva con quienes me pueden tachar de loca, entonces lo hago, lo hago con el amor de mi corazón porque imagino mi vida sin esa dimensión mágica y en mi imagen no hace sentido, y no pienso vivir una vida sin sentido para satisfacer a quienes no creen.

Así brujildas, que para todas ustedes que son mágicas, mujeres poderosas que tienen fuerza en sus vientres, visiones, herramientas mágicas, prácticas de todos los colores sabores y melodías, es este escrito, para que no se tomen personal ni les duela cuando alguien las ve con condescendencia porque usan oráculos o quieren presenciar un eclipse o le echan la culpa a mercurio retrógrado.

Esto es para ti, para la loca de la casa que deja colores en su camino, que hace sonreír alrededor con su sonrisa y que muestra a las nuevas generaciones que es mucho más divertido vivir creyendo en la magia.

Su hermana brujilda,

Annie